domingo, 1 de julio de 2018

Feliz Domingo para todos (los Arquitectos)


La amplia mesa de la sala de la Sociedad Central, los cuadros blanco y negro de todos sus presidentes, tazas de café vacías y decenas de paneles con el registro de muchas horas de mucho trabajo de muchos colegas tantas veces vano, fueron el escenario de una charla intima, amable, y culta, en el más estricto sentido disciplinar de la cultura arquitectónica, como remate de otra intensa jornada de Jura de aquel concurso de viviendas sobre el Riachuelo.
Nos quedamos los 3 charlando, luego que el resto se fuera retirando, y poco a poco fuimos hilvanando temas que debieran ser patrimonio colectivo: no soy ingenuo, se lo que implica, pero siempre he sido partidario de filmar las jornadas de jura de concursos, y los concursos académicos, porque creo que allí se dan las mejores reflexiones del estado de situación de la época, y que todos debiéramos poder acceder, en su momento, a ese material.
El legado no legado, cierta mezquindad generacional, lo valioso de lo actuado por las instituciones en casos paradigmáticos como Puerto Madero; sacar a la institución de la institución, entender la época, o las bondades del formato de esta entrega, así de random iba la charla acompañando la paulatina caída de luz que anticipaba la noche.
Jorge me mando luego el pdf escaneado de esas épicas revistas setentosas, con aquel proyecto que en el Perú, reunía figuras de la arquitectura mundial detrás de una reflexión construida de vivienda agrupada.
De eso y tantas cosas mas hablamos ese atardecer.
Pero lo mas sorprendente, y que no supe leer a tiempo, fueron aquellos dos momentos de la charla donde el Pato lagrimeó, sensiblemente emocionado en su relato, primero contando lo doloroso de lo atravesado durante la dictadura, para su generación y en particular para su socio, y la ayuda que Jujo había resultado para varios de ellos; y luego, al describirnos los funerales de Le Corbusier, con  la imagen de Andre Malraux  leyendo algún poema en aquella fastuosa ceremonia.
Muy poco tiempo después, embarcaba yo temprano un domingo rumbo a la Habana, y al buscar el celular para apagarlo, leí un escueto mensaje de texto que anunciaba la muerte de Alvaro Arrese.
Durante todo el despegue volvió esa charla, y el tono, y los gestos, y era obvio que El Pato sabía lo que estaba por llegar; por algún motivo que nunca supe, él sabía que en el rugby yo tenía un apodo, y siempre me llamo Quesito, lo que hizo que cualquier discusión de las que pudimos tener, que fueron varias, fueran siempre dentro de un marco de intimidad y cariño.

Podría buscar otros recuerdos mas pensados, mas racionales; mañana Lunes volveremos a la batalla, a la discusión, a la contradicción del hacer, a la disputa ideológica, y al hacer.
Pero para celebrarnos en este Domingo día del Arquitecto, de todo lo que uno podría decir, de tantas dimensiones que debiera exponer, elijo prescindir del discurso, la reflexión y el juicio, para recuperar el valor de esa charla despojada y sensible, que no tenía ningún objetivo ni especulación: solo disfrutar y compartir un rato charlando de Arquitectura.
Feliz Día.

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